La escoliosis es una deformidad que se produce en la columna y que puede ser causa de problemas físicos y psíquicos cuando alcanza determinadas magnitudes. Se trata de una enfermedad que aparece fundamentalmente durante la última etapa de crecimiento, y para su tratamiento se ha recomendado históricamente el uso de los corsés.

Sin embargo, su utilización genera ciertas dudas y rechazo. Se trata de  sistemas de contención rígidos (muy poco estéticos), que deben ser usados de forma continua (23 horas al día), y que en ocasiones no son eficaces y no evitan la cirugía.

En  2013 se publicó un ensayo clínico sobre la utilidad del uso del corsé en adolescentes con escoliosis. El estudio fue claro al demostrar que su uso continuado es capaz de parar la progresión de las curvas en un alto porcentaje de casos, evitando la cirugía. El estudio incluyó 383 adolescentes de 25 Hospitales diferentes y que se dividieron en 2 grupos. Aquellos que no utilizaron corsé y otros que lo utilizaron al menos 18 horas al día. Los corsés llevaban incorporados un sensor que permitía conocer si el uso del mismo era correcto. La diferencia entre los grupos fue significativa. El 72% de los adolescentes que lo utilizó  de forma adecuada consiguieron evitar la progresión de la curva, mientras que en el otro grupo, casi un 60% requirió tratamiento quirúrgico.

Estos resultados no significan que todos los niños y todas las curvas precisan de tratamiento mediante corsé. Existen una serie de parámetros, como la edad, magnitud y localización de la curva, que ayudan a un especialista a realizar una indicación adecuada. Pero demuestra que el uso del corsé es el único método eficaz y conservador que tenemos actualmente para evitar la progresión de estas curvas.

 

Radiografía de una niña de 12 años con dos curvas de 28º y 23º. Con la utilización continuada del corsé (se observa el sensor), a los 3 años, termina el crecimiento con dos curvas de 14º y 20º.