Con la victoria de Rafa Nadal y su espectacular recuperación, logrando en tiempo récord la vuelta a la élite del tenis mundial, reaparecen de nuevo diversas noticias y cuestiones relacionadas con el correcto tratamiento con células madre del dolor lumbar.

El auge de tratamientos regenerativos, así como los resultados presentados por importantes deportistas, ha producido un efecto llamada sobre la población que busca una solución menos invasiva y aparentemente más innovadora que la medicina clásica. Sólo en Estados Unidos hay 600 clínicas especializadas en tratamientos con Células Madre, aunque hasta la fecha, su uso no ha sido aprobado por la Agencia del Medicamento (FDA), y los resultados de los ensayos clínicos todavía no han sido capaces de demostrar un beneficio claro de su uso. Pero en el modelo social actual, parece cada vez más difícil aceptar que el envejecimiento es un proceso natural y que no siempre se puede revertir.

Ante todo, es necesario entender una serie de conceptos básicos para poder comprender qué potencial presenta su uso.

Las Células Madre tienen la característica de poder diferenciarse y desarrollarse como cualquier célula que tenemos en nuestro organismo, si se rodea de los estímulos necesarios. Es decir, una misma Célula Madre se convertirá en un miocito cardiaco si se implanta en el corazón o en un hepatocito si se implanta en el hígado. Por ello, una Célula Madre puede convertirse en un fibroblasto de los componentes de los discos intervertebrales, y así se consigue cuando se cultivan en un medio adecuado.

El disco intervertebral es una estructura exquisita con unas cualidades mecánicas que permiten la absorción de las cargas axiales y la movilidad en todos los ejes. Los discos están llenos de una sustancia gelatinosa, llamada núcleo pulposo, que suministra amortiguación a la columna espinal. El anillo fibroso es un anillo cartilaginoso que rodea el núcleo pulposo y que lo mantiene intacto cuando se aplican fuerzas a la columna espinal. Los discos intervertebrales permiten la flexibilidad de la columna y actúan como amortiguadores durante las actividades diarias tales como caminar, correr y saltar. Esta estructura está totalmente aislada del exterior, lo que mantiene una hidratación del núcleo superior a los tejidos circundantes. El único contacto con el exterior se realiza a través de unos canales minúsculos en los cuerpos vertebrales, a través de los cuales los discos se nutren correctamente. Con la edad, esos canales se van obstruyendo, por lo que los discos se van deshidratando lentamente, como un proceso natural, y las células van desapareciendo.

Las investigaciones con Células Madre han demostrado que se pueden crear en el laboratorio las células que tenemos en el núcleo pulposo. El problema es que al hacer la transferencia de esas células al interior de un disco la supervivencia es limitada, por la falta de nutrientes que hay en el medio.

En este momento se sigue investigando, y hay algunos ensayos en desarrollo en los que se están implantando diferentes líneas celulares en pacientes, pero por el momento se trata solo de ensayos, y debemos ser cautos a la hora de indicar su utilización de forma generalizada.